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Rubén Bareiro Saguier





TESTIMONIO


     Decir castellano al poeta Luis López Álvarez es, sin duda, un título de honor, pero al mismo tiempo es restringir la trayectoria y el impacto de su obra. En efecto, este gran amigo se jugó a fondo por innumerables causas en el dominio de la cultura, entendida ésta en su acepción más amplia del noble quehacer humano. Nosotros, los latinoamericanos, le debemos muchísimo a López Álvarez, no sólo por lo realizado desde el cargo internacional que desempeñó con capacidad, y sobre todo con pasión, sino por todo lo que hizo para dar a conocer, para estimular nuestra producción cultural, para animar la vida literaria. En cualquier lugar de la geografía de nuestra América en donde estuvo - y la recorrió de punta a punta - , Luis López Álvarez ha dejado rastros de su entusiasmo, semillas de su tarea incansable y benéfica.



     Personalmente, me considero un amigo, un compañero de sueños y proyectos de Luis. Fundamos, juntamente con el poeta argentino Saúl Yurkiévich y el crítico francés Jean Michel Fossey, una revista de poesía, “Desquicio”, que vio la luz en París y publicó – entre el 71 y el 73 – lo mejor de la producción poética en lengua española de la época. Fue uno de esos proyectos que, dentro de su modestia – la hacíamos artesanalmente, sin medios, a puro pulmón de entusiasmo -, logró el objetivo que proponía su nombre: sacar de quicio, desgonzar la puerta de la chatura cotidiana. Un proyecto que no hubiera funcionado si no hubiese estado de por medio la “locura” contagiosa de Luis López Álvarez. Este es, a título de ejemplo, uno de los sueños concretados con y gracias a Luis.



     Como bien se señala, “Luis López Álvarez ha sabido darle nuevas señas de identidad y nuevas razones de esperanza a su propio pueblo”. Conozco lo que significa su formidable poema "Los Comuneros", tanto más que pertenezco a un país que sufrió el contacto de la “peste” libertaria que le llegaba de la meseta castellana, el mismo afán de afirmar la voluntad del común por encima de cualquiera otra autoridad o poder. La Revolución Comunera del Paraguay duró desde 1717 hasta 1735, y se propuso los mismos propósitos que los de las comunidades de Castilla y de León, los defendidos en Villalar, bajo la advocación de los mismos principios e ideólogos. Esto lo hemos conversado en muchas ocasiones, y alguna vez me propuso acompañarlo en las celebraciones que, gracias a esa obra, se realizan en el sitio de las antiguas luchas por la dignidad del pueblo. Desgraciadamente no pudimos concretar nunca el proyecto de ir juntos.



    Como se ve, hay una serie de nexos que me unen profundamente a Luis López Álvarez, a quien tanto debemos.




RUBÉN BAREIRO SAGUIER
De la Academia Paraguaya de la Lengua


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